1996 Días de Hemingway en La Habana
DIAS DE HEMINGWAY EN LA HABANA
Por Ismael León Almeida
MAR CARIBE. Revista de la Mar. Cuba. No 8, 1996, p. 66
El Primer Coloquio Internacional sobre
el laureado escritor norteamericano se desarrolló con todo éxito en el hotel
“El Viejo y El Mar”, en justo homenaje a su imperecedera obra.
Probablemente La Habana fuera uno
de los pocos lugares importantes en la vida del escritor Ernest Hemingway donde
aun no habían coincidido expertos de varios países para debatir desde todos los
puntos de vista imaginables acerca de la biografía y el trascendental legado
artístico del premio Nobel de Literatura 1954.
Siete lustros después de que el
portón de Finca Vigía se cerrara por última vez tras el paso de su propietario,
el museo que allí tiene su sede auspicio el Primer Coloquio Internacional
Hemingway, en colaboración con otras instituciones culturales y turísticas del
país.
Entre el centenar de
participantes que del 16 al 21 de julio laboraron en las sesiones efectuadas en
el capìtalino hotel “El Viejo y El Mar”, figuran los autores de una buena parte
de los libros publicados en Cuba durante la última década, catedráticos de más
de una docena de universidades de Estados Unidos y de Francia, Suiza y
Eslovaquia, además de un nutrido destacamento de profesores, periodistas,
museólogos y demás.
Unos cuantos no pudieron asistir
personalmente y enviaron sus intervenciones grabadas en videos. Entre estos se encontraba Linda Wagner
Martín, presidenta de la Hemingway Society, institución norteamericana que delegó
en el Dr. Bickford Silvestre la coordinación del cónclave con los estudiosos de
ese país, del cual viajaron a Cuba unos 40 especialistas.
Gladis Rodríguez Ferrero,
directora del Museo Hemingway de Finca Vigía y presidenta del Coloquio,
agradeció de inicio las gestiones del doctor Silvestre, “quien –manifestó-
desde el otro lado del hilo telefónico, apoyó todo nuestro empeño con su
eficiente e inapreciable ayuda”.
Fatigado pero feliz al cabo de
antas horas de esmerada atención a cada detalle, el eminente catedrático se
despediría con una sencillez de oro: “Estamos muy conmovidos por haberlos
conocidos a ustedes; les damos las gracias de todo corazón y esperamos verlos
pronto”.
Cuatro extensas jornadas
En conjunto, las ponencias
dedicadas al análisis de la ora de Hemingwayana sumaron tres veces más que
aquellas de contenido biográfico. Vano
ejercicio sería intentar un muestrario de excelencias. Más que sobresalir, fue común apreciar el
complementarse unas a otras las investigaciones.
Las preferencias de Hemingway por
La Habana y Key West, expuestas por Stuart Mclver, importan tanto como
profundizar en las revelaciones de lo hispánico en la obra del novelista, como
lo hizo Silvia Serra.
“Islas en el Golfo” es una novela
plena de claves dignas de descubrir, lo
mismo si se trata los perros y gatos que enumeró Roger Asselineau, que del
simbolismo del fuego y del agua que cautivó a Larry Broen. Y el “Pilar” será por mucho tiempo un yate
legendario, como lo apreciaron Linda Paterson y Cecilia Labrada.
Del estudio del estilo de
Hemingway, fuente viva del oficio de escritor, sobresale aun más su vigente
riqueza cuando la contrastan Max Näney y Mario Masvidal, Eduardo Heras y
Drahoslav Machala. No hubo, en el Primer
Coloquio Internacional Hemingway, temas menores.
Hemingway en familia
Gregorio Fuentes pregunta por Patricio
(Patrick Hemingway, el segundo hijo del escritor) y Gregory quiere saber si el
viejo navegante vive aun en Cojimar.
Patrick está bien -¡pescando todos los días!- y Gregorio continúa
viviendo en la misma casa.
Gregory Hemingway asistió al
Coloquio con su esposa, Ida. Su último
viaje a Cuba fue en 1951 y asegura que fue esa también la última ocasión en que
se vió con su padre. “Era marabilloso
cuando él estaba en casa, pero casi nunca estaba. A él le habría gustado ser un hombre de
hogar, pero siempre tenía que estar pescando, cazando o en la guerra”, refiere
Gregory, recordando los años en que los Hemingway tenían su hogar en Key West.
Pasaban los veranos en Cuba
cuando él y Patrick eran niños y Gregory no a olvidado jamás cuanto disfrutaba
practicando la pesca en la Corriente del Golfo o el tiro en el Club de
Cazadores del Cerro, o cuando iban al boxeo.
Hoy él no se considera un pescador profesional como su hermano mayor,
Jack, pero ama la pesca mayor y su récord personal es un atún de 752 libras.
Otro miembro de la familia
Hemingway que asistió al Coloquio en La Habana es John Sanadford, hijo de
Marcelina Hemingway Sandford, la hermana mayor del escritor. “Ella estab muy orgullosa de los logros de
él, pero no tanto de su estilo de vida”, afirma. Ambos hermanos dejaron de verse en 1928,
aunque se escribían. “Creo que mi madre
estaba dolida con Ernest debido al divorcio de él con su primera esposa,
Hadley”.
La última conferencia del
Coloquio fue dictada por Sandford; trató acerca de los remos en la ficción de
Hemingway, desde el cuento “Campamento Indio” hasta la novela “Islas en el
Golfo”. La jornada final concluyó con
sendos encuentros con escritores cubanos y con la Sociedad Cubana de Amigos del
Libro. Al cóctel de despedida asistió el
ministro cubano de Cultura, doctor Armando Hart Dávalaos.
En lo adelante estos coloquios se
efectuarán cada dos años, siempre en alguno de los sitios que Hemingway amaba
en Cuba. Los organizadores ya piensan en
el de 1999 como algo especial: el
centenario del nacimiento del Dios de Bronce de la literatura norteamericana.
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