1992 El más famoso barco de pesca deportiva.
EL MÁS FAMOSO BARCO DE PESCA DEPORTIVA
Por Ismael León Almeida
Ernest Hemigway, que no exageraba
los elogios por cosa alguna en el mundo, llegó a comparar las cualidades de su
barco con la sólida construcción de una casa y el elegante andar de una mujer.
La embarcación, descrita en la
novela “Islands in the Streams” (Islas en la Corriente) y en varias de sus
crónicas, constituía uno de los motivos de orgullo del escritor, que halló en
el deporte de la pesca parte de sus grandes motivaciones literarias y periodísticas,
además del descanso entre sus jornadas de creación.
Auque cierta renombrada obra de
años recientes lo califica de antigualla, todavía en el presente el Pilar sería un “fuera de serie” en la
flota cubana de embarcaciones deportivas, sin que su excelencia resultara
rebajada en demasía por el resplandor de lujosos yates de plástico que
frecuentan nuestras aguas.
Gregorio Fuentes, patrón de la
nave de madera desde 1938 hasta la muerte del escritor, en 1961, sostuvo en
cierta ocasión una opinión parecida y no por razones sentimentales. En realidad el yate fue cuidadosamente
concebido y más tarde mejorado para la pesca de las grandes agujas y sus buenas
cualidades no han perdido valor a pesar del tiempo transcurrido.
EL PILAR POR DENTRO
Con 11,86 metros de eslora y 3,65
de manga, el barco de Hemingway es admirable ante todo por el magnifico
aprovechamiento de su espacio interior.
Fuera del agua, sobresale su aspecto macizo; sobre la superficie del mar,
la perfecta armonía del objeto creado para cortar olas.
El Pilar tiene en la proa un camarote pequeño con cuatro literas,
desde cuyo interior puede ascenderse a cubierta para poder laborar con el ancla
si las condiciones del mar no recomiendan andar por fuera.
Al retroceder hacia la popa se
encuentra a continuación un comportamiento que aloja a babor un servicio
sanitario y la cocina a estribor, habilitada con abundante estantería alta y
baja, fregadero y una nevera para conservar los alimentos en hielo. Entre ambos locales se abre sobre el pasillo
una amplia y luminosa claraboya, igualmente útil para la ventilación y el
acceso al exterior.
Un área de estar, que la
tradición a bordo designó como el “departamento etílico”, posee una litera baja
convertible e una mesa con dos asientos y otra litera doble que, al abatir la
de arriba, funciona como u amplio sofá hasta tanto los invitados decidan que ha
llegado la hora de irse a dormir.
La popa es espaciosa, cubierta en
parte por el techo de la tordilla,
con otras dos literas -suman nueve-, que por ser sencillas hacen a la
vez función de asientos. Ambos muebles
poseen en su interior amplio espacio para guardar utiles.
El tramo final de la cubierta lo
ocupa una sólida silla giratoria de pesca con ancho asiento, tres travesaños
curvos en el espaldar y dos brazos para apoyarlos, todo en dos bancos de metal
permiten graduar la distancia del apoya pies, todo en caoba de calidad. Frete a ella la borda oculta una nevera con
dos tapas y, en el exterior, la remata un rodillo de madera dura que sirve como
ayuda para embarcar los grandes peces.
Bajo el techo, a la izquierda o banda de babor, queda el puente de mando
interior, aunque durante las maniobras y la pesca se gobierna el barco desde el
puente volate.
Bajo cubierta quedan el
compartimiento de máquina, los tanques para el agua y combustible y las neveras
mayores.
HISTORIA SENTIMENTAL
Durante su niñez, adolescencia y
primera juventud, Ernest Hemingway había sido un ferviente pescador deportivo
de aguas fluviales. Tenía 29 años cuando
comenzó a conocer el mar verdaderamente, al iniciar su residencia en Key West.
En los primeros tiempos salía a
pescar cerca de las cayerías floridianas con algunos conocidos, pero más tarde se hicieron amigos él y Joe
Russell, propietario de un bar y de la lancha Anita, a bordo de la cual inició sus travesías a Cuba en 1932.
Cuando recibió una cantidad de
dinero de alguna importancia por sus colaboraciones periodísticas, Hemigway
diseñó el barco de sus sueños y lo encargó a la Boston Wheeler, una acreditada
factoría naval de New York.
El 26 de abril de 1934 el
escritor recibió su licencia de patrón y navegante. La llegada del barco a sus manos es descrita
como un verdadero acontecimiento en su vida personal.
Hemingway hizo navegar al Pilar a
más de 15 nudos –una gran velocidad de travesía en aquel entonces y sobrada
todavía hoy para las faenas de pesca- y
maniobrar en difíciles giros. Quería
conocerlo y asegurarse de sus condiciones, pero el barco no lo defraudó jamás
Tres ciclones barrieron sin
novedad la cubierta del Pilar, que
finalmente sobrevivió a su dueño y quedó como evidencia material, llena de
espíritu hemingwayano, de una de las más importante facetas vitales del
novelista; la pesca deportiva y el descubrimiento de multitud de sus humanas
implicaciones.
ANIVERSARIO DEL MUSEO
La reapertura pública del yate,
prevista para octubre, debe constituir uno de los acontecimientos principales
con motivo de la celebración de los 30 años de la fundación del Museo Ernest
Hemingway.
Un azaroso proceso de
restauración, iniciado en 1979, tuvo que sufrir la hermosa embarcación,
rescatada en toda su figura gracias a la pasión investigativa de los
especialistas del museo y a manos amigas que contribuyeron al completamiento de
sus piezas. Algunas de estas
desaparecieron mientras el yate permaneció pendiente de reparación fuera de
Finca Vigía.
En el flamante pabellón,
construido con sencillez y economía, si bien con gusto y gran sentido
expositivo, permanecerá desde entonces el Pilar
a la vista de los amantes de la pesca, de los interesados en el arte de la
construcción naval y de los admiradores del escritor estadounidense.
Otras actividades del programa
confeccionado por la efemérides del museo resultaron asimismo dignas de
atención para los pescadores deportivos.
La institución cultural promovió un concurso nacional de pesca de agujas
en la temporada 1991-1992 cuyos ganadores fueron el norteamericano David
Bregman, con un castero de 246,5 libras, y los cubanos Leonor Ramos (aguja
blanca de 53,0 libras) y Rodérico Hernández (aguja voladora de 46,0 libras).
Igualmente llevaron a cabo una
exposición titulada “Hemingway, la pesca y sus trofeos”, con sede en el Museo
Numismático, en la cual mostraron por primera vez premios de todas las épocas
de los toreos de la pesca de la aguja Ernest Hemingway.
Manuel Bell Gorgas (Blakamán),
miembro del Comité Internacional de la IGFA, aportó dos valiosas copas en
préstamo, ganadas por él en 1958. María
del Pilar García Menocal y Jorge Viada, viuda e hijo, respectivamente, del
pescador Modesto Viada Machado, donaron una importante colección de piezas al
Museo Hemingway.
También contribuyendo a la
muestra los hermanos Rolando y Joaquín Martínez, campeones nacionales e
internacionales, Noel Fernández, hijo del fallecido Alberto Domingo Fernández
Montaner, primer ganador de los Torneos Nacionales de la aguja, y los expertos
Dimas Zaldivar, Patricio Reyes, Martín Santana y Luis Balmaceda.
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