PESCANDO AGUJAS
CON HEMINGWAY
En aguas del “Peje
Chico” Un gran novelista y gran pescador
Por Antonio Fernández de Castro
DIARIO DE LA MARINA. Sección Gráfica Dominical. Habana, 28
de Mayo de 1933
UNA PRESENTACION INTERESANTE
Oye, periodista, si quieres
conocer a Hemingway, el autor de “Adios a las Armas” –me dice un chofer amigo-
yo te lo voy a presentar.
Esa frase, dicha sin exordio
alguno, en plena calle de Obispo esquina a Mercaderes, al reporter que marchaba
con una linda y rubia amiga y un compañero a tomar “coktall de tomate”, en un
bar de por aquellas latitudes, me sorprendió extraordinariamente.
Por lo general los periodistas,
excepto dos directores y casi todos los jefes de información, no leemos los
periódicos. Si acaso y por encima, los cables,
los títulos y alguien –por lo general novato- lo que ha escrito. O lo que supone que escribió porque las más
de las veces, cuado aparece “en el plomo”, ya está cambiado.
Esta información suplementaria,
viene a decir que el reporter ignoraba que se encontrase en La Habana, ni que
hubiera estado nunca en Cuba, el joven y notabilísimo escritor norteamericano,
vigoroso autor de “Hombres sin mujeres”, “Adios a las armas”, “También sale el
sol” y “Muerte al atardecer”. Cuatro
libros que ya son famosos e el mundo intelectual contemporáneo, traducidos a
casi todos los idiomas modernos, y una de las figuras más importantes de la
hora actual en el terreno de la creación literaria inteligente.
No hay necesidad de decir que
acepté, encantado, la proposición de Ignacio “El Gallego”, otro de mis
múltiples amigos del gremio “choferil” capitalino. Se encargó el mismo de hablar con Hemingway,
y al día siguiente, por la mañana, a las 8:30, sin que estuviese presente
nuestro gentil mediador, el fuerte novelista y el periodista habían iniciado la
conversación, frente a sendas tazas de café y en presencia del mayor de los
tres hijos del escritor, intimo compañero de su padre.
QUIEN
ES MI AMIGO
HEMINGWAY
Ernest Hemingway, es un hombre de
unos 36 años, como de seis pies de estatura, de complexión fuerte, de rostro
tostado por el sol, rasgos enérgicos y viriles, frente ancha y despejada, ojos
de mirada viva, observadora. Camina con
ese paso característico de los marinos y los cazadores. Gusta sobre todas las cosas de la vida al
aire libre. La caza y la pesca la
fascinan. Al par la creación literaria
inspirada en la vida misma. Todos los
lectores de las obras de Hemingway saben que sus personajes están sacados de
esa cantera inagotable que es la vida.
Ha vivido mi amigo en el frente de la guerra europea, mucho antes que su
país interviniese en el conflicto.
Conoce casi todos los pueblos de la Europa. Ha permanecido largos años en España cuyo
deporte nacional –las corridas de toros- constituye el tema de su último libro,
el interesantísimo “Death in the Afternoon”, uno de los éxitos literarios del
año en los Estados Unidos. Habla nuestro
idioma como un aficionado al arte de “Cúchares” y entiende y se hace entender
en la jerga vernácula de nuestros pescadores.
Es íntimo de toreros, de contrabandistas, de pintores, de escritores de
su rango, de gentes marineras, de cazadores, de poetas. De poetas de veras. De poetas a lo Byron, que era hombre y
poeta. Detesta –como es natural- a la
“inteligence”. Sabe que vale más un
pescador honrado, como Carlos Gutiérrez o el “Capi” Russell, o chofer servicial
como Ignacio “El Gallego”, que un poeta que no es más que un pseudo-pensador
como... Tú, lector, sabe que decir
nombres es delicado. Además tienes donde
escoger...
Hemingway está casado y tiene
tres hijos varones. El mayor, mi amigo
“Bumby”. Mrs. Hemingway es una admirable
compañera de su esposo.
PESCANDO
AGUJAS EN AGUAS
DE LA HABANA
Hemingway ha estado en Cuba seis
o siete veces en los últimos diez años.
Alterna sus viajes a Cuba, con sus estancias en Europa y en los Estados
Unidos, donde creo que posee un rancho en el Oeste. Es un precursor del turismo. Este es un destino fatal para las personas
como Hemingway. Ahora que creo que nunca
ha ido al Casino ni al Hipódromo. Digo
que parece. Y a pesar –según la
expresión del actual Mayor de la Ciudad, el señor Tirso Mesa –cuando Hemingway
publique el libro que prepara actualmente acerca de las pesquerías en aguas del
Golfo los hombres que en ellas intervienen, las peripecias que les ocurren, la
clase de vida aventurera que llevan, etc. merecerá bien de los interesados en
la cuestión turística, por la corriente enorme de deportistas que vendrán a
nuestras aguas, a experimentar- a tratar de experimentar- idénticas emociones a
las que describirá el vigoroso escritor norteamericano. Y quizás para entonces le den la medalla de
la ciudad. Mientras, Hemingway se limita
a pescar agujas, por el día –cuando sopla la brisa y la aguja está “bobita”,
porque cuando hay viento sur, no hay “chance” para los pescadores... Y prefiere pescar en nuestras aguas, porque
en el Golfo hay más agujas, casteros y emperadores más grandes y más
combativos. La aguja es un pez que sabe
mucho. Por ejemplo, Carlos, el
“pantera”, que sale con Hemingway a pescar, dice que pican la carnada de quien
no sabe “jalar”. En efecto a mi –nuevo
en estas lides- me picaron como cuatro veces en menos de una hora, con
resultado nulo.
A “Ernie” –como le decimos a
Hemingway, el capitán del “Anita”, José Russell, yanqui de Cayo Hueso, que toma
café a la cubana, y este periodista
tropical, que cuando lo hace Mrs. Hemingway es capaz de tomarlo a la americana–
en el mismo espacio de tiempo le picaron menos.
Aunque con resultado adverso para las agujas. Con el anzuelo en la mano, Hemingway es un
as. Como cuado escribe. Algo así como Belmonte en sus buenos tiempos,
en la plaza de toros. En relativamente
pocos días, lleva cogidos más de 30 peces de esa especie, con un peso
aproximado como de una mil libras... (Si exagero hay que excusarme, porque soy
“jaiba” en estas cosas).
ENTRA “BUMBY” EN ACCION
Dije ya que acompaña a Hemingway,
durante su temporada de pesca habanera, el mayor de sus hijos, simpatiquísimo
muchacho de nueve años de edad, fanático del toreo español y ferviente
pescador. “Bumby” que lee a “Los Tres
Mosqueteros” en el idioma del viejo Dumas, prefiere a todas las cosas, y eso
que en el Colegio donde está “practican muy bien los deportes”, andar de pesca
con Hemingway Sr. Tostado el cutis por el sol, de pelo rubio, de vivos ojos
azules, “Bumby” es u formidable compañero.
Habla con nosotros como un amigo.
Conoce el oficio de “pescador de agujas” a la perfección. Sabe poner la carnada, botar el escandallo,
desenredar el curricán, recoger el cordel y rematar su pesca. Sonríe casi siempre, excepto cuado está
“jalado” la presa. Entonces, cruje los
dientes, como cualquier lobo de mar. Es
expertísimo en colocar en el asta del “Anita” la bandera azul con la “Aguja
blanca”, indicadora de la primera victoria del día. Además es amigo de Mrs. Mason Jr.
“Bumby” coje petos, dorados,
serruchos, bonitos, pargos, guasas, etc.
Está en camino de llegar a ser –como Carlos Gutiérrez- un “pantera” con
el anzuelo en la mano. Estoy segurísimo
que el día que “se le ponga a tiro una macha la levanta”, como dice el
tipógrafo Bustamante, que es también experto pescador. Pero el día más feliz de su vida –me lo ha
confesado- será el que coja u pez volador.
Y calcula el peso de su presa como un viejo “habitué” de las
“marcas”. Dice: “Este pesa 12 libras”, y al final tiene razón. Como pasa siempre con los niños y los locos,
según dice el refrán.
FINAL DE PESCA
Y no hay nada mejor que el
regreso de un día de pesca. Después de
las violentas emociones de la pesca de siete agujas, desde las primeras horas
de la mañana, la tarde es como sedante.
El Malecón, mosaico romano de colores suaves, descanso para los ajos
fatigados de tanto azul. Cielo
azul. Mar azul. Peces azules.
No hay otro color sio el blanco del yacht y el de los trajes. También es azul el traje de “Bumby”. Y la ducha fría es algo maravilloso después
de 10 horas pescando agujas.
Luego la comida en “La
Zaragozana” –pescado pescado por la tripulación del “Anita”. Y los huéspedes: Evan Shipman, antiguo amigo
de Hemingway, el mismo a quien está dedicado “Men without women”, poeta y tutor
de “Bumby”, “Capi” Russell, el formidable patrón del yacht; Hemingway Sr.,
“Bumby”, Evans y este periodista tropical imaginativo, “jaiba” declarado en
estas cuestiones de la pesca con curricán y bichero. La conversación recae sobre Dos Passos, sobre
Archibal Macleish, sobre Guillén... Amigos que son hombres y poetas. Como los personajes de Hemingway. Anécdotas de guerra, de revolución, de
viajes. Alguno de nosotros se hace la
ilusión de parecerse a los personajes del autor de “Men without women”.
Las diez y media de la noche,
Hemingway dice: “Well, Bumby, let’s go to be”.
Y al periodista: “Come Again, Joe”.
Lo que seguramente hará el aludido la semana que viene. Si lo dejan e el DIARIO. Hasta entonces pues.
La banda de pescadores se
disuelve e la noche habanera.
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